Una de las cosas que he aprendido con el feng shui y que más me ha sorprendido es la similitud que tienen las diferentes filosofías del mundo. Al examinarlas con curiosidad, detalle y paciencia encontramos que, tienen las mismas enseñanzas descritas desde un punto de vista diferente; como una misma pintura pintada por diferentes personas, en el fondo esta transmite el mismo concepto, pero visualmente se ve diferente.

Una de esas enseñanzas es la no existencia del “bien” y el “mal”, dos conceptos extremistas que hacen parte de nuestro día a día. Esto lo encontré estudiando un poco sobre tradición judía. Para ellos, según las enseñanzas de la Cábala no existen los conceptos “bien” y “mal” sino los aspectos “aclarados” y “no aclarados”.

Los aspectos “aclarados” son aquellos de los que somos conscientes, esos que hemos traído a la luz de nuestro entendimiento; y los “no aclarados” son los inconscientes, los que aún están en la oscuridad de nuestra mente.

Si interpretamos este pensamiento desde el feng shui diríamos entonces que esos aspectos “no aclarados” serían la parte Yin de nuestro ser (lo oscuro, frío, pasivo e inconsciente), mientras que los aspectos “aclarados” representarían el Yang interior (lo claro, cálido, activo y consciente).

Es espléndido como en dos culturas totalmente diferentes podemos encontrar las mismas enseñanzas:

Somos seres en constante transformación y somos nosotros mismos los responsables de aclarar nuestras oscuridades para evolucionar en nuestro interior y expresarlo en el exterior.

Los extremos no existen, los opuestos coexisten y se equilibran en armonía.

La luz la encuentras en tu interior, la respuesta la tienes tu.

Hoy 22 de diciembre, día del solsticio, es el ejemplo tangible que nos da la naturaleza para entender esta enseñanza. El paso de la oscuridad a la luz, el renacer del sol.

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